La auditoría, etimológicamente viene del verbo latino audire, que significa ‘oír’, que a su vez tiene su origen en los primeros auditores que ejercían su función juzgando la verdad o falsedad de lo que les era sometido a su verificación, principalmente mirando. Sin embargo, también se dice que viene del verbo en inglés to audit, que significa ‘revisar’ o ‘intervenir’.
La auditoría en una organización se refiere a las pruebas que se realizan a la información financiera, operacional y/o administrativa con base en el cumplimiento de las obligaciones jurídicas o fiscales, así como de las políticas y lineamientos establecidos por la propia entidad de acuerdo a la manera en que opera y se administra.

La finalidad de una auditoría es el certificar la confiabilidad de los Estados Financieros para los usuarios, para lo que el auditor tiene que diseñar y aplicar procedimientos que le ayuden a obtener la información apropiada para después generar conclusiones razonables y emitir una opinión independiente sobre la presentación de las cifras que aparecen en dichos estados.
Los objetivos de una auditoría pueden variar según el tipo de auditoría que se esté realizando. Sin embargo, los objetivos comunes de una auditoría incluyen:
Las auditorías se pueden realizar de varias maneras, según el tipo de auditoría que se esté realizando. Algunas de las técnicas de auditoría más comunes incluyen:
Los resultados de una auditoría se documentan en un informe de auditoría. El informe de auditoría debe ser claro, conciso y objetivo.
Los tipos de auditorías más comunes son:
Las auditorías son una herramienta importante para garantizar la confiabilidad de la información financiera y operativa. Las auditorías también pueden ayudar a mejorar la eficiencia y la eficacia de los procesos internos.
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